lunes, 28 de julio de 2014

"EL TRASTERO DE LA BRAVURA" (CRÓNICA VALENCIA 27 JULIO)

POR PEPE MORATA @PEPE_MORATA


Después de dos días de claveles, gin tonics, “ganaderías güenas” de las que embisten y figuras de esas que solo saben lidiar un tipo de toro, llegaba Cuadri para poner punto y final a la degenerada feria de Julio de Valencia, antaño cita señera donde el Toro estaba por encima de todas las cosas. Aquellos julios valencianos con Victorino Martín, Pablo Romero, Samuel Flores, María Luisa Domínguez, Cebada Gago o Miura pasaron a mejor vida, y hoy por hoy, la maltratada afición valenciana se conforma con un único cartel alejado de las imposiciones de los mandamases para saciar su veneno.  Volvía Cuadri a Valencia después de 12 años, con el recuerdo de aquel “Cebollita” lidiado por Pepín Liria que se llevó todos los premios de aquel serial y de una magnífica corrida el año anterior que ofreció su casta como moneda de cambio para catapultar a Rafael de Julia que desorejó a “Aliño”, premiado con la vuelta al ruedo, y el valenciano Raúl Blázquez. Pues sí, a pesar de estos precedentes, han tenido que pasar doce años para volver a disfrutar de la casta de los toros de Trigueros en Valencia, mientras que las ganaderías del régimen nos las han colado con todo el morro todos los años a pesar de que cada comparecencia de estas se cuenten por petardazos épicos. El sistema lo llaman…

Volvía Cuadri a Valencia y lo hizo con una corrida perfectamente presentada, armónica de hechuras y tremendamente pareja de remate y peso, muy en el tipo de la casa, sin ninguna exageración de cabezas ni cuerpos, pero con caras de señores hechos y derechos sin un pelo de tontos, con rizos en la testuz, badanas prominentes, morrillos desarrollados y mirada intimidatoria. ¡Una corrida de toros!

A las siete de la tarde, el coso de la calle de Játiva presentaba un triste aspecto, apenas un tercio de plaza con toda la afición reunida en la sombra y aspecto desolador en la solanera, aunque bien es cierto que a partir del segundo toro se notó un aumento de gente en el tendido. Muchos aficionados venidos desde esos pueblos de Castellón y Valencia donde un Toro en la calle tiene más autoridad que el propio alcalde y en los cuales Cuadri es poco menos que una religión.

Abrió plaza 22-“Costero”, un mozo con 570 kg y cuatro años y cinco meses, que se mostró remiso y tardo al capote de Rafaelillo, echando el freno de mano y quedándose en la esclavina, a pesar de una salida espectacular y engallada en la desencajonada. Tomó dos varas medidas a cargo de Juan José Esquivel donde colocó la cara bajo del peto y empujó con los riñones.  En la buena brega de Joselito Rus se destaparon unas embestidas largas y humilladas cuando se le enganchaba adelante y se le llevaba largo y tapado. No siempre consiguió Rafaelillo, demasiado acostumbrado a bregar con fieras corrupias, a poner el punto de cadencia que pedía “Costero”, que si bien era tardo en el primer muletazo y en ocasiones volvía el cuello con la ligereza de un látigo cuando faltaba mando en el embroque, embestía con la cara colocada, buen tranco y nobleza cuando se le hacía las cosas bien. A pesar de algunas impericias, se le hubiera pedido la oreja a Rafaelillo si no hubiera sido por un pinchazo y una envainada que hacía guardia. Saludó una ovación desde el tercio y “Costero” recibió algunas palmas en el arrastre.

En segundo lugar salió 13-“Engaño” con 577 kg y cuatro años con seis meses, otro de los que llamó la atención por su buena salida en la desencajonada, y desde bien pronto mostro aviesas intenciones en el capote de Bolívar, entrando al engaño con gran fiereza y muy orientado. Acudió tardo al encuentro con Luis Miguel Leiro que tras varios marronazos dejó cinco boquetes en el lomo mientras que “Engaño” se repuchó descaradamente. Puso en aprietos al peonaje, porque poder y sentido tenía para ir tirando y no es nueva la psicosis de los banderilleros frente a los de Cuadri. Bolívar, que lucía el mismo blanco y plata que el día de su alternativa en esta misma plaza y donde cobró una tremenda cornada en el tórax, llevó a cabo un trasteo marcado por la falta de firmeza y mando a un animal que se iba creciendo y haciéndose el dueño de la situación. Nada fácil de estar delante de un animal con tantísimo que torear y domeñar. Se empeño Bolívar en torearlo en redondo cuando sabíamos que era, cuanto menos, una temeridad. Eso del “a cada toro su lidia” debió pasar a mejor vida para convertir la tauromaquia en el contubernio actual de pegar derechazos a todo aquello que tenga dos cuernos en la cabeza independientemente de lo que requiera su condición. No estaba la cosa para florituras, sino para lidia antigua sobre las piernas. No lo hizo Bolívar y el asunto se puso castaño oscuro para meterle la espada. Leves pitos para Bolívar y división de opiniones para “Engaño”
En tercer lugar salió 19-“Batidor”, el último producto que nos ha dejado la simiente del memorable “Revisor”, con 556 kg con cuatro años y ocho meses. Lo recibió el joven Jesús Duque sin darle demasiada importancia y de buenas a primeras le arrancó el capote de las manos y, una vez descubierto, le pegó un arreón con terrible saña que obligó a Duque a lanzarse de cabeza al callejón. Aquello descompuso sobremanera al matador y su cuadrilla, cundió por momentos el pánico mientras “Batidor” arremetía con delirante temperamento a cualquier capote que se le cruzara por delante. El montado a caballo, cuyo nombre desconozco y ni quiero saber, le propinó uno de los más terribles castigos que se recuerden en Valencia, una auténtica atrocidad, una casquería repugnante en dos varas larguísimas y criminales ante la impasible mirada de Jesús Duque, y que “Batidor” tomó con bravura cabal, sin renunciar nunca a la desleal batalla, empujando con los cuartos traseros y gran codicia, mientras un indocumentado le taladraba el lomo. La plaza se levantó en armas contra la cuadrilla y el matador ante el lamentable espectáculo. Entre tanto, “Batidor” seguía pegando arrancadas a la velocidad del Talgo, con gran temperamento y codicia. ¡Había un Toro en la plaza! Por suerte para Duque aquella furia desbocada no duró demasiado, “Batidor” acusó pronto el rufianesco castigo y se apagó como una llama. Por desgracia, no pudimos ver más. Lo mató por derecho y en el sitio. Ovación para “Batidor” en el arrastre y silencio para Jesús Duque.

Iba la corrida encauzada por los senderos de la emoción, la bravura y la casta cuando saltó al ruedo 18-“Trastero”, un mozo con 560 kg y a dos meses de cumplir los cinco años, que pronto cantó su condición de bravo y encastado en el capote del valiente murcianico. Tomó dos puyazos a cargo de Agustín Collado, que marró en el segundo encuentro desluciendo un tercio de varas que, por la bravura y casta del animal, pudo y debió ser de antología. Daba gloria ver aquel bicho, con los riñones metidos, empujar el caballo y estamparlo contra el burladero de matadores, con una codicia extraordinaria. Por los tendidos surgía el run-run de cuando hay un Toro bravo en el ruedo, y es que aquel animal seguía haciendo derroche de emoción y casta en cada una de las arrancadas durante la brega de José Mora. Como un tejón se arrancaba a los banderilleros, Joselito Rus y Abraham Neiro, que ilustraron un vibrante tercio de banderillas. No se lo pensó dos veces Rafaelillo y se plantó en la boca de riego con la muleta ya montada, citó de largo a “Trastero” que se arrancó como un obús y aquello fue el delirio, la esencia más primigenia de este bello arte, un Toro bravo queriéndose comer la muleta y un valiente torero dominando aquel torrente de casta brava. Varias tandas por ambos pitones, cada vez con mayor entrega por parte de “Trastero” y mayor pulso en las muñecas de Rafaelillo. Algunos muletazos fueron sencillamente extraordinarios, los ayudados por bajo para cerrar la faena eran carteles del mismo Ruano Llopis. No se cansó de embestir “Trastero” y, al menos por mi tendido, se oían ciertos comentarios de indulto. No hizo remilgos el murciano, empuñó la espada y dejó una estocada de las que acostumbra, haciendo la suerte con verdad y apuntando en la yema. Cerca de cinco minutos estuvo “Trastero” en el tercio, tragándose la muerte con una dureza escalofriante. Hizo bien Rafaelillo en no tomar el descabello y dejarnos contemplar la muerte del bravo animal. Se sentó Rafaelillo en el estribo para esperar en la agonía y aun hizo amagos “Trastero” de querer embestirle, obligando a Rafaelillo a incorporarse y rectificar la posición. La plaza hervía como hacía tiempo que no lo hacía, las manos echaban humo contemplando aquella mágica escena. Al fin dobló el bravo “Trastero”, que fue premiado con los honores de una  vuelta al ruedo sosegada, y se le concedieron las dos orejas a “Rafaelillo”, premio legítimo  para un torero curtido en mil batallas, que dio un curso de buen toreo. Tras la vuelta al ruedo de Rafaelillo, surgió espontaneo el  grito de ¡Cuadri, Cuadri! en los altos del tendido de sombra que obligó a levantarse y corresponder a Fernando Cuadri, visiblemente emocionado.

Estaba ya muy caro el pescado cuando hizo aparición 14-“Telaraña”, un cuadri con 580 kg y cuatreño con cinco meses. Se declaró manso al poco de salir al ruedo, buscó excusas para evitar el encuentro con los del castoreño y apretó siempre para dentro. No lo vio nada claro Luis Bolívar, que estuvo desafortunado e indeciso ante las cortas embestidas de “Telaraña”, toro con complicaciones por su poca humillación y por agarrado al piso. Se puso más pesado de la cuenta el vallecaucano muleteando trapaceramente el mansurrón de cuadri. Lo mató rápido y por arriba, con ayuda del golpe de cruceta, y recibió un respetuoso silencio mientras que “Telaraña” escuchaba leves pitos en el arrastre.

Echó el cierre a la tarde 4-“Brujito”, con cuatro años y cuatro meses y 540 kg, que resultó ser el garbanzo negro del gran encierro de Cuadri. Dijo nones a los caballos y embistió soseando sin ninguna emoción, con nobleza, pero absolutamente imposible para permitir el triunfo de Jesús Duque, que intentó salvar su tarde a la desesperada con un arrimón ante lo que, a esas alturas, ya era un marmolillo. Lo mató de una gran estocada que puso fin a un variadísimo y emocionante encierro de Cuadri, corrida de las que hacen afición en tiempos necesitados de sabia nueva. Estoy convencido de que los que hoy hayan ido a Valencia por primera vez a ver una corrida de toros, volverán de nuevo buscando la misma droga que hoy les habrá puesto la piel de gallina: la droga de la casta del Toro bravo.

3 comentarios:

  1. Ponedle claúsula de rescisión a Moratita, que los de Cultoro son de chequera floja, como Florentino Pérez.

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  2. Sí señor, gran tarde de TOROS de la que pudimos disfrutar gracias a que aún quedan ganaderos que no se rinden y pese a las "modas" actuales, siguen criando toros bravos y no las "burras" que crían algunos para las figuras.

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